| La
vida de Carlos de Foucauld en cerámica
Una colección de 18 relieves cerámicos
sobre el hermano universal se expone estos días en Cataluña
Con motivo de la beatificación del hermano Carlos de Foucauld,
recorre estos días varios lugares de Cataluña una
exposición de 18 relieves cerámicos sobre su vida.
La colección es obra del escultor Antonio Oteiza, fraile
capuchino que ha consagrado su vida al arte religioso actual.
Con estos relieves, Oteiza, en colaboración con la Familia
Espiritual de Carlos de Foucauld, ha querido dar expresión
artística al mensaje del ya beato Carlos. Coincidiendo
con su subida a los altares reproducimos esta semana algunos de
estos relieves.
1.—VIAJE A MARRUECOS
Carlos de Foucauld se incorpora al ejército como soldado.
Después de ocho meses de estancia en Argelia, decide dimitir
y dedicarse a recorrer el mundo árabe que le ha fascinado.
Carlos se prepara durante quince meses para iniciar una expedición
a Marruecos. Tiene 25 años. Para realizar este viaje estudia
seriamente árabe y hebreo, y aprende todo lo necesario.
Se pone en contacto con el rabino Mardoqueo, que acepta acompañarle
y guiarle.
«Detesto la vida de cuartel. Encuentro el oficio angustioso.
Como ya había decidido abandonar la profesión militar
desde hacía tiempo, dadas las disposiciones actuales, prefiero
marcharme ahora mismo; ¿por qué arrastrarme todavía
unos años sin ningún objetivo en una vida en la
que no encuentro ningún interés? Prefiero aprovechar
mi juventud viajando; de este modo me instruiré y no perderé
el tiempo.»
2.— CONVERSIÓN AL CRISTIANISMO
Después de varias experiencias de desierto y el trato
frecuente con su prima, Maria de Bondy, Carlos de Foucauld inicia
una búsqueda de sentido que le lleva a la conversión.
Una vez realizada, tiene prisa por, de alguna manera, recuperar
el tiempo perdido y entregarse absolutamente a Dios. Se convertirá
en un buscador de la voluntad de Dios, con un deseo de cumplirla
de forma perfecta. Una especie de competencia con él mismo
y una imagen de pecador pasado le incita a un radicalismo total
y absoluto.
«Cuando creí que existía Dios, comprendí
que tenía que vivir sólo para él. Mi vocación
religiosa data de la misma hora que mi fe. ¡Dios es grande!
¡Hay tanta diferencia entre Dios y todo lo que no es él!»
3.— POBREZA DE NAZARET
Inmediatamente quiere profesar en una congregación religiosa,
pero el padre Huvelin le detiene y le obliga primero a peregrinar
a Tierra Santa. Este viaje le ayuda a descubrir el rostro concreto
de Jesús. Lo encuentra en Belén, en Jerusalén,
en el Calvario, en el misterio del sufrimiento. Y finalmente en
Nazaret, donde toma conciencia de los 30 años que Jesús
vivió en este lugar. De este viaje extrae una profunda
impresión del encuentro con la pobreza de Nazaret. Durante
toda su vida, Nazaret permanecerá como una búsqueda
constante de imitación a Jesús que le llevará
siempre más lejos.
«No me sentía hecho para imitar su vida pública
en la predicación; yo quería la vida escondida del
humilde y pobre obrero de Nazaret.»
4.— LA AMISTAD COMO MEDIO DE EVANGELIZACIÓN
Después de vivir la experiencia monástica en la
Trapa de Akbés (Siria), Carlos de Foucauld deja el monasterio
para emprender una búsqueda apasionada de su vocación
particular. Regresa nuevamente a África, concretamente
a Argelia, donde se diría que se abren sus ojos y se da
cuenta de que en aquel semidesierto hay una multitud de hombres
para evangelizar y un ministerio muy importante para realizar.
La caridad, la hospitalidad, las conversaciones, el lenguaje,
conforman el medio de evangelización más importante
y original del hermano Carlos: la amistad.
«Cuando uno ama, quiere hablar todo el rato con el ser
amado, o al menos mirarle. Esto es la oración: no es otra
cosa que el intercambio familiar con nuestro muy Amado. Le miramos,
le decimos que le amamos, nos alegramos a sus pies y allí
le decimos que queremos vivir y morir.»
5.— VIDA ENTRE LOS TUAREGS
Como consecuencia de la imposibilidad de acceder a Marruecos,
empieza a viajar acompañando a las autoridades militares
francesas, primero a los lugares más próximos para
llevar los primeros auxilios espirituales a los soldados franceses
y, más tarde, con más tranquilidad hacia las tribus
del sur. Conoce al pueblo tuareg y al jefe de los tuaregs del
Hoggar, de quien será un buen amigo, confidente y consejero.
Se instala provisionalmente en Tamanrasset. Carlos se instala
en el corazón del país tuareg en una ermita extremadamente
sencilla y deja ya de residir de manera estable. Carlos se deja
llevar por Dios, que a menudo manifiesta su voluntad por medio
de los acontecimientos.
«Esta vida de Nazaret le llevará según las
circunstancias a Beni-Abbés, entre los tuaregs o en alguna
otra parte... las circunstancias dirán. La vida de Nazaret
puede llevarse a todas partes: llevémosla al lugar más
útil para el prójimo.»
6.— EL HERMANO UNIVERSAL
Carlos no ha dejado de proclamar que no estaba destinado a predicar
el Evangelio con la palabra, pero se ve obligado a hacerlo. Sin
embargo, estas breves predicaciones, son trabajos accidentales.
El fondo de su existencia en Beni-Abbés consiste en un
doble ritmo de oración y acogida. Su casa la llaman «la
fraternidad», porque el hermano Carlos es el «hermano
universal».
«Me veo con sorpresa pasar de la vida contemplativa a la
vida del sagrado ministerio. Soy llevado, a pesar de mí,
por las necesidades de las almas.»
7.— LA EUCARISTÍA Y LOS POBRES
La Eucaristía, centro del apostolado, tiene que ser llevada
a los hombres. No es suficiente con iluminar un lugar. Carlos
quiere poner en pie focos eucarísticos iluminadores y fraternales.
De aquí sus largos viajes donde siempre está en
primer lugar la Eucaristía celebrada y adorada. Los dos
pilares unidos entre ellos, irrompibles en la vida del hermano
Carlos, son la presencia de Cristo en la Eucaristía y la
presencia de Cristo en los pobres.
«Evangelización no por la palabra, sino por la presencia
del Santísimo Sacramento, la ofrenda del divino sacrificio,
la oración, la penitencia, la práctica de las virtudes
evangélicas, la caridad, una caridad fraterna y universal,
compartiendo hasta el último mordisco de pan con cualquier
pobre, con cualquier huésped, con cualquier desconocido
que se presentase, recibiendo a cualquier ser humano como hermano
muy querido.»
8.— ASESINATO DEL HERMANO CARLOS
Al atardecer del 1 de diciembre de 1916, Carlos de Foucauld se
encuentra solo en casa cuando uno de sus amigos tuaregs le dice
que salga: ha llegado el correo. Lo cogen un grupo de rebeldes
y los veinte hombres que han rodeado sin ruido el fortín
penetran en el interior... Habían pensado saquear el borj
y coger al hermano Carlos como rehén, y el golpe resulta.
Él espera ser llevado, con los brazos detrás y una
cuerda que le ata las muñecas y los talones. No habla,
mira hacia delante y se mantiene inmóvil. Ha sido confiado
a la custodia de un jovencito de quince años, que se le
planta delante, con el fusil en la mano, mientras los demás
llevan a cabo el saqueo. Pero alguien grita: «¡Vienen
dos meharistas!» Se oyen dos disparos. El joven guardián
enloquece y dispara a Carlos, que cae sin gritar.
RECUADRO
«El hermano Carlos era un cristiano radical, un místico
muy arraigado y comprometido con el mundo árabe»
Antonio Oteiza, autor de los relieves sobre Carlos de Foucauld
—¿Cómo surgió la posibilidad de elaborar
estos relieves sobre el hermano Carlos?
—Ha sido en gran medida algo circunstancial. Ya hace cinco
años, y después de terminar una serie de relieves
sobre la vida de un venerable capuchino, unos hermanos de la Familia
de Foucauld me ofrecieron hacer otra serie cerámica sobre
el hermano Carlos. Estos hermanos me llevaron a Torrechiva (Valencia),
y fue en esta fraternidad donde leí con más detenimiento
su vida. Allí tenían un taller de escultura y así
se me facilitó que fuera sacando aquellos pasajes que más
determinaban o expresaban su interioridad, su ejemplo para nosotros.
—¿Qué vínculo le unía al hermano
Carlos?
—Sólo lo conocía como personaje de la cultura
religiosa actual y por la relación con algunos miembros
de su familia espiritual. Leyendo sobre él a raíz
de este encargo descubrí que era un cristiano radical,
un místico muy arraigado y comprometido con el mundo árabe,
y me gustó mucho.
—¿Cuál ha sido el proceso para crear estas
cerámicas?
—Lo primero de todo es el conocimiento del personaje. A
partir de aquí reflexiono y estudio la manera de trasladarlo
al barro. Lo que me lleva más tiempo es este proceso, junto
con la selección de los puntos esenciales de su vida. Más
que los hechos o acontecimientos capitales de su vida me interesan
sobre todo las actitudes de fondo y los temas de valores humanos.
Una vez decidido qué quiero hacer, la realización
es relativamente rápida. Utilizo el estilo expresionista
y esto exige una ejecución rápida. Suelo hacer un
relieve al día.
—Por lo que dice, no son los primeros relieves que hace
sobre personajes del cristianismo...
—No, he hecho más de veinte series de este estilo...
y normalmente de personajes poco conocidos. Creo que puede ser
un buen método para dar a conocer personas con unos valores
humanos que trascienden la conciencia del pueblo. (S.G.)
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